domingo, 6 de septiembre de 2020

Melquíades Álvarez, abogado

 

Entre la ciencia del Derecho y el arte de la política.

Melquíades Álvarez, jurisconsulto.

Manuel Álvarez-Buylla Ballesteros

Ediciones de la Universidad de Oviedo

Col. Estudios (Investigaciones de Ciencias Jurídico Sociales)

Oviedo, 2020

288 pp.

29 euros

ISBN: 978-84-16343-83-6

 


Melquíades Álvarez, abogado 

La figura del político liberal y jurisconsulto asturiano Melquíades Álvarez ha sido preterida sistemáticamente por la historiografía española hasta no hace mucho, pese a su relevancia en la vida pública española de su tiempo. Soslayo debido, en gran parte, a la propia desidia del tribuno a la hora de escribir o dejarnos al menos unas memorias personales, circunstancia agravada por el lamentable hecho de que su despacho y vivienda   -archivo incluido-  fueron saqueados durante la Guerra Civil. Ello, sin duda, ha propiciado que su evocadora personalidad no haya sido abordada en una prolongada investigación por ausencia, en principio, de materiales imprescindibles para ello o relevantes. Falta, por tanto, algo tan deseable como una biografía definitiva sobre el personaje, una justa imagen de su vida, contextualizada y de carácter multidisciplinar.

Completar poco a poco dicho vacío  -a modo de piezas de puzzle-  ha sido empeño desde hace dos décadas de su bisnieto, Manuel Álvarez-Buylla, autor del presente libro. A él debemos el “hallazgo” de la tesis doctoral de Melquíades Álvarez sobre La pena, su naturaleza. Examen y crítica de los más importantes sistemas que sobre este punto han aparecido en la ciencia (1886) y publicada por la Universidad de Oviedo (2006), y la edición  -por primera vez íntegra-  de sus Discursos parlamentarios (Oviedo, 2008). Con esta obra, Entre la ciencia del Derecho y el arte de la política, Melquíades Álvarez, jurisconsulto, el autor culmina una laboriosa investigación sobre su actividad como abogado, hasta hoy prácticamente desconocida, a la par que repasa  -con algún que otro nuevo aporte- su vida académica universitaria. Ha de recordarse que el Álvarez “profesor universitario” fue objeto de dos estudios debidos al profesor de Derecho romano Justo García Sánchez a los que remitimos (1988), aunque no estaría demás volver de nuevo a los expedientes que obran en el Archivo General de la Administración (Alcalá de Henares) relativos a las oposiciones en las que participó de una u otra forma. En todo caso, una contribución interesante la de Álvarez-Buylla al conocimiento de la España jurídica del primer tercio del siglo XX.

Sucede que no se puede entender la figura de este elocuente orador y político asturiano sin conocer su trayectoria como abogado y como jurisconsulto, su auténtica y fiel vocación. Ya lo reconoció él mismo con ocasión del nombramiento como decano del Colegio de Abogados de Madrid en 1932: “Lo he de decir con franqueza: antes que político y antes que profesor, he puesto mi orgullo siempre en ser abogado y nada más que abogado”.

Melquíades Álvarez, tutelado por el influyente Clarín, se formó en aquella célebre Universidad de Oviedo, cuyo claustro –del que acabaría formando parte-  estaba entonces a la vanguardia de la intelectualidad española: Rafael Altamira, Adolfo Álvarez-Buylla o Adolfo González Posada; hombres de significado posicionamiento krauso-institucionista y artífices de la Extensión Universitaria, organismo académico que convirtió a la institución en un eficaz instrumento de labor transformadora y de virtudes públicas, de difusión cultural y de formación de la clase trabajadora asturiana.

Postulados anticipadores y doctrinas de progreso que fueron luego recogidos como trasfondo del programa de Partido Republicano Reformista, formación política auspiciada en 1912 por el propio Álvarez y el leonés Gumersindo de Azcárate. En la práctica, un intento transaccional e inteligente de conciliar el republicanismo con el régimen dinástico imperante, con el objetivo firme de regenerar la vida y modernizar España, tanto en el ámbito político como en el terreno social y económicamente, principalmente a través de la educación-formación y la cultura  -para mediar entre las masas ciudadanas informadas y las elites dirigentes-  y así incorporar al sistema de la Restauración la nueva generación de profesionales e intelectuales.

La obra que reseñamos se compone de una introducción, siete capítulos, un epilogo, dos anexos, y un apartado de fuentes  -algunas inusuales-  y bibliografía, a los que preceden nada menos que tres prólogos y un prefacio. Acompaña al texto una excepcional documentación gráfica. En ella se analizan de forma sistemática las diferentes manifestaciones del cultivo de la ciencia del Derecho por Melquíades Álvarez. En los capítulos 1º y 2º se exponen el humilde origen familiar del tribuno, su espíritu inconformista y sus estudios de licenciatura en Derecho y primera formación jurídica. Tras la lectura de su tesis doctoral compaginó la dedicación a la abogacía en Oviedo con la tarea profesoral al viejo estilo y las oposiciones a cátedras, hasta conseguir la de Derecho Romano en la Universidad de Oviedo, plaza que había sido ocupada anteriormente por su mentor Clarín, espíritu krausista e insobornable.  Los capítulos que siguen (3º - 6º) se refieren a la apertura de despacho profesional en Madrid, al trasladarse a la capital tras obtener su primer acta de diputado en el Congreso en 1901, época coincidente con la excedencia como catedrático y con la constitución de un singular Centro Jurídico Gijón, bufete  “krausista” de corta vida del que llegó a ser delegado de la capital. Con el paso de los años consolidaría su prestigio en el foro y ante la opinión pública, y su despacho se convirtió en uno de los más importantes de aquella España de exceso de abogados, problema endémico éste ya denunciado en una lúcida disertación ¡en 1782! por Juan Pérez-Villamil, otro asturiano ilustre.

Entre los casos llevados por Melquíades Álvarez, el autor de la obra destaca varios que fueron célebres en la época: como el acaecido entre del tenor Miguel Fleta contra la Metropolitan Opera Company (Nueva York) por incumplimiento contractual; el pleito de María Josefa Mussó contra el diario El Liberal, que fue el primero en el cual los tribunales evaluaron económicamente el daño moral por causa de una noticia falsa; el de los vecinos de Villanueva de San Carlos (Ciudad Real) que se jugaron   -tras largo litigio-   la propia existencia del pueblo y sus tierras frente a la propiedad señorial del término, donde Álvarez argumentó con éxito ante el Supremo (1908) que el arrendamiento perpetuo  equivalía a un censo enfitéutico; y otras muchas actuaciones llamativas por su trascendencia y actores en litigio, que también tuvieron gran repercusión entonces por ser pleitos de alto nivel jurídico. Manuel Álvarez-Buylla se detiene igualmente en el análisis de los dictámenes jurídicos de Melquíades Álvarez que por su importancia fueron publicados, y entre los que destaca el relativo a la nulidad del testamento de la Condesa de Bornos, asunto en el que subyacía una romántica historia de amor.

Tras acometer la actividad profesional   -su refugio natural-  del ilustre abogado astur durante la espasmódica II República, período de intensa vida política, el autor remata la narración con una versión sobre los sucesos acaecidos en la Cárcel Modelo de Madrid en agosto de 1936 que costaron la vida a su bisabuelo. En el relato amplía datos que ya ofreció en la revista Torre de los Lujanes (nº 68, 2011), en la que mantenía la hipótesis de que el asesinato probablemente fuese un calculado magnicidio y no obra de “incontrolados”, supuesto que ha sido incorporado recientemente en algunas investigaciones históricas por determinados autores, como es el caso de Francisco M. Balado Insunza.

No es este, por tanto, un libro habitual, puesto que al mismo tiempo se construye como un trabajo riguroso sobre un aspecto práctico o rama de la Historia del Derecho, y como un ensayo de divulgación, de fácil lectura, plagado de divertidas anécdotas en estrados y de aspectos íntimos desconocidos hasta ahora de la vida familiar del hombre público. Una narración descriptiva que no se detiene siempre en el análisis de los fundamentos jurídicos de los que se valió su antepasado. Así lo han entendido el Consejo General de la Abogacía Española y el Colegio de Abogados de Oviedo, colaboradores en la edición con el explícito propósito de fomentar entre los profesionales la lectura de este texto sobre un notable hombre del foro. Un espejo y un proyecto ético en el que mirarse.

Se trata, como casi todas, de una obra abierta a otras posibles investigaciones, por cuanto en los dos anexos/apéndices finales se recogen catalogados los títulos de las obras que se han podido rescatar de la biblioteca particular del tribuno tras la vorágine de la Guerra Civil (objeto también de análisis en el capítulo 7º); y un listado de casi trescientos pleitos civiles en los que informó ante el Tribunal Supremo. Ello abre el camino, sin duda, a quienes deseen profundizar en tales asuntos y, de esta manera, descifrar más incógnitas de este poliédrico personaje, controvertido e insuficientemente conocido: Melquíades Álvarez y González Posada.

                                          Jesús Mella (2020)



  


    

martes, 16 de junio de 2020

Melquíades Álvarez, jurisconsulto


Entre la ciencia del Derecho y el arte de la política
Melquíades Álvarez, jurisconsulto
Manuel Álvarez-Buylla Ballesteros
Ediciones de la Universidad de Oviedo
Oviedo, 2020
Col. Estudios (Investigaciones de Ciencias Jurídico Sociales)
288 pp.
29 euros
ISBN: 978-84-16343-83-6

Hace tres décadas que tuve la oportunidad de indagar sobre las vicisitudes personales del gran gijonés y asturiano Melquíades Álvarez, aunque universitario ovetense y catedrático de Derecho romano en la alma mater de Fernando de Valdés, fascinándome especialmente con cuatro valores que sobresalían ya en la etapa formativa y docente: de clase muy humilde, supo mantener la actitud de servicio a los demás durante toda su vida; dotado de una inteligencia poco habitual, y no solo con un verbo fácil y vehemente que conmovía a sus auditorios, demostró desde el principio una sincera honradez y gran moderación de juicio, que le impulsaba a sobreponerse frente a cualquier ambición personal, y le llevaba a reconocer sin ambages el mayor mérito de sus contrarios, si era procedente, aunque sus más íntimos amigos no compartieran su criterio.
No entendió la actividad más que desde el estudio y formación, asumiendo los postulados del Grupo de Oviedo, que le protegió inicialmente y le impulsó posteriormente, lo cual significa que fue hombre de grandes horizontes, superando la quietud de la tierra de origen, aunque ello le complicara mucho su existencia, formulando ideas y defendiéndolas con ardor y plena convicción, a la par que combinaba la elaboración teórica con un pragmatismo político.
Finalmente, fue un hombre de Derecho y del Derecho, ya que, si la base científica de las aulas de Vetusta abarcaba las diferentes ramas del saber jurídico, esa fundamentación es la que explica que posteriormente ejerciera la Abogacía con extraordinario éxito, en Oviedo y en Madrid, gozando de la confianza de sus colegas del Colegio profesional, y destacando en múltiples materias, conforme a los asuntos que llegaban a su bufete.


Ha tenido que pasar mucho tiempo para que en los albores del presente siglo el tribuno Melquíades Álvarez haya tenido, por fin, un significativo reconocimiento a su trayectoria y aportación a la convivencia política entre españoles, mediante la concesión de una calle a su memoria en la capital de España. Si bien, no es nuevo este tipo de iniciativas, puesto que existen ya calles con su nombre en Asturias y a lo largo de la geografía española, este hecho –aunque parezca un pequeño consuelo– sí cobra mucha importancia en el tensionado momento político en que vivimos, al ser una decisión consensuada de los diferentes grupos municipales del Ayuntamiento de Madrid tras acuerdo tomado en la Junta Municipal del Distrito de Centro, en el que se ponderó –a pesar de las diferencias ideológicas entre ellos– la figura del destacado político asturiano y conviniesen con entusiasmo dicho nombramiento a un espacio público en marzo de 2017, reemplazando una antigua nominación en el madrileño barrio de Vallehermoso.
Este sencillo, pero elocuente gesto, que ha pasado prácticamente desapercibido para la prensa y resto de medios de comunicación, tanto nacionales como asturianos, convierte nuevamente –y de alguna manera– a Melquíades Álvarez en lo que siempre aspiró en vida: a ser una persona de concordia y conciliación política entre todos los españoles, tal vez la virtud que más se echa en falta en estos tiempos por ser más necesaria que nunca para afrontar los retos del porvenir.
La figura del político y jurista asturiano ha estado durante muchas décadas olvidada por la historiografía al uso, soterrada o a la sombra de otras personalidades de la época –como sucede con la de Manuel Azaña, correligionario del reformismo en su momento–, y, en consecuencia, ha estado estigmatizada –entre otras razones– por sus ideas liberales y templadas, y también por su praxis política, incomprendida en no muchas ocasiones. Su posibilismo, en aras al logro de sus concepciones políticas, le había llevado al pacto con las izquierdas y otras fuerzas republicanas al comienzo de su carrera pública, actitud que prorrogó posteriormente como jefe del Partido Republicano Reformista, fundado de facto en abril de 1912. Pero, aunque su posicionamiento e ideales republicanos, laicistas y anti caciquiles no mudaron substancialmente, como consecuencia de los cambiantes contextos políticos hubo de acomodarse al paisaje de una España cada vez más crispada, pregonando la moderación e incluso –antes de que sus seguidores lo presintiesen– recetar la conocida y polémica fórmula teórica de la «accidentalidad de las formas de Gobierno». El advenimiento de la Segunda República trastornó muchas cosas y su figura fue relegada a un segundo plano, viéndose obligado a refundar el melquiadismo con el denominado Partido Republicano Liberal Demócrata –de escasa implantación y posicionado en el centro-derecha– para adaptarse a la nueva política y, posteriormente, tomar la comprometida decisión de pactar con las fuerzas de la derecha.
Ese giro político –para unos aparente y para otros real– no le fue perdonado en su época por los diferentes adversarios –de uno y otro lado– del espectro político. Camino ya de un siglo desde su trágico fallecimiento en agosto de 1936, seguían sin perdonárselo las grandes formaciones herederas –PSOE y derecha sociológica– que han venido conformando en estos años los grandes partidos políticos actuantes en España. De ahí su olvido consciente.


Para corroborar lo que afirmamos respecto al talante de Melquíades Álvarez, es suficiente la lectura de sus discursos parlamentarios desde julio de 1901 –año en el que obtuvo su primera acta de diputado al Congreso por Oviedo– hasta las intervenciones próximas al final de sus días, para constatar que su ideario se mantuvo fiel a los intangibles principios básicos en los que creía y predicaba. Esencialmente, la consolidación de una tercera España de concordia, que favoreciese el acuerdo, la convivencia pacífica y el progreso en nuestra nación, objetivo al que se llegaría desde una paulatina evolución –o revolución desde arriba– y para lo cual quería y quiso contar, en su momento, con la ayuda del rey Alfonso XIII y el apoyo de la burguesía española. Esta era también, a su juicio, la única vía posible y pacífica para acabar –entre otras lacras– con el analfabetismo y la miseria imperantes, para lo cual dirigió desde bien temprano todos sus esfuerzos en aras de la educación del pueblo; ideales krausistas que le inculcaron desde joven en el claustro de la prestigiosa Universidad de Oviedo y, especialmente su mentor, Leopoldo García-Alas y Ureña, Clarín. De hecho, durante los años de 1912 y 1913 abandona prácticamente la actividad como abogado para recorrer España en una intensa labor de propaganda. Desgraciadamente, aquel rey perjuro traicionó el proyecto reformista, auspiciando luego el arribo de la Dictadura de Primo de Rivera, y con ello dejó en el aire los anhelos de prosperidad y armonía social con los que soñaba Melquíades Álvarez.
No obstante, si nos hemos de referir a tiempos más recientes, aquellos afanes no cayeron en el olvido con el paso del tiempo, tras sobreponerse nuestra sociedad a una guerra fratricida, y a un nuevo y largo régimen autoritario. Es así, que gran parte de sus ideales políticos están recogidos en nuestra Constitución vigente (1978), por lo que podemos afirmar, sin rubor alguno, que actualmente su posicionamiento y aspiraciones son aceptados por una gran mayoría de ciudadanos españoles que desean una convivencia pacífica y próspera, como así quedó reflejado en el acuerdo tomado en la Junta Municipal del Distrito de Centro del Ayuntamiento capitalino, al que hemos aludido.
El desinterés durante muchos años por su figura, y por su actividad política y profesional, ha supuesto que la bibliografía sobre el tribuno continúe siendo a día de hoy ciertamente escasa, o insuficiente, pese a los loables esfuerzos por rescatarla del olvido durante estos últimos años, por parte de algunos estudiosos. Contra esa desidia intelectual lleva años luchando su bisnieto, autor de la presente obra, Manuel Álvarez- Buylla Ballesteros, quien en 2006 sacó a la luz la tesis doctoral de Melquíades Álvarez titulada La pena, su naturaleza. Examen y crítica de los más importantes sistemas que sobre este punto han aparecido en la ciencia –presentada en 1886 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid y hasta entonces inédita– con un estudio introductorio, obra publicada por la Universidad de Oviedo; dos años más tarde de la obra precedente, publicó –en edición bajo su responsabilidad– los Discursos Parlamentarios (Oviedo, 2008). Son solo dos ejemplos de su incansable empeño por investigar, a través de nuevas fuentes históricas, la peripecia vital de su bisabuelo, con el propósito de arrojar luz sobre hechos y circunstancias poco conocidas, como fue –por citar un asunto nunca suficientemente aclarado– su trágico final en la vorágine de 1936.


Este estudio, por tanto, ha de considerarse continuación de ese proyecto personal, que el autor inició hace dos décadas, examinando con rigor lo que hasta el presente nunca se había hecho: la descollante actividad profesional como abogado del político asturiano, y su relevancia como jurisconsulto de su tiempo.
Las facetas de abogado y político han caminado juntas, sin estorbarse, durante toda la vida de Melquíades Álvarez, hasta el punto que no podría entenderse una sin la otra, y viceversa. Es por ello, que este estudio sobre su dedicación a la abogacía – con el examen de los casos más relevantes por él llevados– y al Derecho en general, viene a complementar otros trabajos –principalmente biográficos– del prócer asturiano al uso, abriendo la posibilidad de que en el futuro se escriba una biografía concluyente del poliédrico tribuno gijonés, en la que se expliquen sus conductas políticas, a la luz de las circunstancias profesionales y ambiente familiar.
Como se ha insinuado antes, es destacable también, en esta obra, el capítulo referente a los últimos días de vida de Melquíades Álvarez –segada en la noche del 22-23 de agosto de 1936 en la Cárcel Modelo de Madrid–, en el que a través de irrefutables fuentes primarias, muchas de ellas inéditas hasta hoy, el autor llega a unas conclusiones que se apartan de las tesis y explicaciones asentadas hasta ahora en otras biografías sobre el tribuno, y en los estudios históricos generales sobre aquel momento de España.


Finalmente, hemos de destacar la catalogación que se hace de la biblioteca particular de Melquíades Álvarez; en concreto, lo que quedó de ella tras su incautación durante la Guerra Civil. Ofrece a los investigadores múltiples datos para examinar las corrientes doctrinales que le sirvieron en el manejo de las distintas disciplinas jurídicas; hay también una valiosa referencia sobre libros y autores de ciencia política y de literatura en general, que leyó con fruición, forjando su ideología y carácter. El anexo correspondiente con todos los títulos que se conservan de la citada biblioteca, y el referente a los múltiples casos que defendió ante el Tribunal Supremo (Madrid), hacen que esta obra sea una inestimable aportación en esta materia, por la abundancia de fuentes inéditas que se descubren en ella y, como el propio autor indica, ojalá sea el punto de partida para quienes deseen profundizar en el conocimiento interdisciplinar de la vida y obra de Melquíades Álvarez y González Posada.
Define Ulpiano, nombre que asumió Melquíades en un grupo gijonés, que la jurisprudencia implica el conocimiento de las cosas divinas y humanas, pero con esta premisa es la ciencia de lo justo y de lo injusto, de tal manera que podemos ver reflejado el principio en el insigne y egregio asturiano, ya que tuvo una formación enciclopédica, como vemos a través de su biblioteca y la perspectiva de la consulta bibliográfica que cultivaban los profesores del Grupo de Oviedo, y su trágica muerte es una realidad histórica de las injusticias que cometen algunos grupos sociales, que no admiten discrepancia alguna, recurriendo incluso a destruir la vida ajena, sin respeto alguno al Derecho y a la Justicia. Descanse en paz nuestro ilustre jurisconsulto-tribuno, y sirva esta obra, que merece todo nuestro elogio, porque está muy documentada con fuentes de primera mano e importancia, para rescatar su figura, y valores, en el momento que nos ha tocado vivir, superando el ostracismo al que se le ha sometido.
Del Prefacio
 JUSTO GARCÍA SÁNCHEZ
 Catedrático emérito de Derecho romano
 Universidad de Oviedo



Agradecimientos.- Esta obra es el producto final de una paciente investigación que me ha tenido absorto por temporadas; de veinte años en los que he tenido la fortuna de conocer a muchas y generosas personas, quienes me han asesorado y facilitado la tarea. Me es imposible citarlas a todas ahora, pero a cada una de ellas la tengo presente cuando con satisfacción veo cumplido el deseo de verla publicada.
En primer lugar, tengo que agradecer el apoyo y colaboración de la familia que forman –formamos– los descendientes de Melquíades Álvarez, en sus cinco ramas: Álvarez de Miranda, Masaveu, Argüelles, Álvarez Arias y Álvarez-Buylla. Siempre desprendidos, todos ellos me han facilitado el acceso a viejos papeles y variados documentos que particularmente atesoraban como recuerdo de una época ya lejana pero inolvidable, y sin cuya aportación esta obra no sería la misma. En este caso, la familia ha hecho de trastienda de mis indagaciones.
En ese sentido, la simple noticia de que estaba enfrascado en una enjundiosa labor de investigación sobre mi bisabuelo, y la concurrencia de tales familiares a diferentes reuniones o actos de recuerdo u homenaje a nuestro común antepasado, fueron un acicate –además de intelectualmente provechosos– para que todos nosotros estuviésemos aún más unidos. Debo hacer una mención especial a mi tía Sarah Álvarez de Miranda, escritora, que entre los familiares fue pionera en rescatar la memoria del «abuelo», con conferencias y libros importantes.
A mi amigo, el profesor Jesús Mella, investigador vocacional y gran conocedor del tribuno asturiano. Entusiasta desde un principio del proyecto que traía entre manos, a él he acudido en innumerables ocasiones en tan dilatado tiempo en busca de asesoramiento y documentación.
Agradezco a mi primo el abogado Antonio Vela Ballesteros –con quien comparto despacho– sus aportaciones a mi quehacer investigador, y la magnanimidad y paciencia demostrada al permitirme almacenar cientos de libros en la oficina y ocupar más espacio de lo razonable.
Al profesor de Historia del Derecho Fernando Martínez Pérez, de la Universidad Autónoma de Madrid, que de forma imaginativa me ayudó a replantear la inicial estructura y finalidad de la obra.
También mi reconocimiento al personal de los archivos públicos y privados que amablemente me han atendido durante estas dos décadas de investigación; para todos ellos, mi más sincero agradecimiento, especialmente al perteneciente a la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación (Madrid), a la que me honro en pertenecer y en cuya biblioteca empecé este trabajo sobre Melquíades Álvarez. Tenemos que estar muy orgullosos de estos profesionales que con su trabajo silencioso y diligente cuidan de nuestro patrimonio cultural bibliotecario y archivístico, fuente primordial para el conocimiento histórico.
Es para mí un privilegio que el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo haya reconocido este esfuerzo –y el mérito de la obra– al haber acordado su publicación en la acreditada colección Investigaciones de Ciencias Jurídico Sociales. Dicho Servicio es el principal depositario de los aciertos de libro y solo míos los errores. Teniendo en cuenta que los primeros estudios sobre el tribuno en el campo propiamente del Derecho, en la faceta de profesor universitario, se deben al catedrático de Derecho Romano Justo García Sánchez, es motivo de orgullo que haya accedido a prologar la presente monografía, agradecimiento extensible a Santiago García Granda, Rector de la Universidad de Oviedo; Victoria Ortega Benito, Presidenta del Consejo General de la Abogacía Española y Luis-Carlos Albo Aguirre, Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo.
Finalmente, agradezco a todas las personas que he conocido de cerca y que, a pesar del ineludible paso del tiempo, han preservado con simpatía y afecto la evocación de Melquíades Álvarez, transmitida por sus antepasados y compartida conmigo, enalteciéndole siempre. Han sido el motor de mi tenacidad e ilusión.
Quedo en deuda con todos ellos. Gracias.
Manuel Álvarez-Buylla Ballesteros



ÍNDICE
AGRADECIMIENTOS
PRÓLOGO (Santiago García Granda, Rector de la Universidad de Oviedo)
PRÓLOGO (Victoria Ortega Benito, Presidenta del Consejo General de la Abogacía Española)
PRÓLOGO (Luis-Carlos Albo Aguirre, Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo)
PREFACIO (Justo García Sánchez, Catedrático Emérito de Derecho Romano la Universidad de Oviedo)

INTRODUCCIÓN
0.1.- Escasez de fuentes y originalidad del tema
0.2.- Método de trabajo
0.3.- Estructura de la obra

1.- LA FORMACIÓN COMO JURISTA DE MELQUÍADES ÁLVAREZ
1.1.- El bachillerato en Gijón
1.2.- La licenciatura en la Universidad de Oviedo
1.3.- El doctorado y la tesis doctoral

2.- INICIOS DE LA ABOGACÍA EN OVIEDO
2.1- Colegiado en Oviedo
2.2.- La carrera universitaria
2.2.1.- Cátedra de Derecho Natural de la Universidad de Oviedo
2.2.2.- Cátedra de Derecho Romano de la Universidad Central
2.2.3.- Cátedra de Derecho Romano de la Universidad de Oviedo
2.2.4.-  El Derecho Romano como base de su formación de abogado
2.3.- Decano del Colegio de Abogados de Oviedo
2.4.- Primeros años del matrimonio Álvarez-Quintana
2.5.- La Extensión Universitaria
2.6.- D. Luis Caso de los Cobos vs. D. José Gallinar y otros

3.- APERTURA DE SU DESPACHO EN MADRID (1901-1910)
3.1.- Cambio de residencia y constitución del Centro Jurídico
3.2.- La defensa de la Instrucción Pública en el Congreso
3.3.- Fernando y Alfonso Sanz vs. rey Alfonso XII
3.4.- El Crimen de Mazarete. Defensa de Juan García Moreno y su hijo
3.5.- Accidente en el Tercer Depósito de Agua de Madrid
3.6.- Ayuntamiento de Sevilla vs. marquesa de Isasi
3.7.- Vecinos de Villanueva de San Carlos vs. doña Juana Tomás y Tañedo

4.- LA CONSOLIDACIÓN DE SU BUFETE DE DERECHO GENERAL (1910-1920)
4.1.- Abogado de primera categoría y aumento de su presencia institucional
4.2.- Defensa parlamentaria de Francisco Ferrer Guardia
4.3.- Defensa de José Crespo, Clavell
4.4.- El reformismo y su programa en materia de Justicia
4.5.- Diario El Liberal vs. D.ª M.ª Josefa Mussó
4.6.- Causa del sindicalista Manuel Villalonga
4.7.- Dictámenes Jurídicos
4.7.1.- Un jurista prototípico del siglo XIX
4.7.2.- Dictamen sobre el expediente de deslinde incoado por los concesionarios de la Mina de “San Luis”
4.7.3.- Dictamen sobre derechos, deberes, responsabilidades, efectos jurídicos y aranceles en las operaciones que se realicen por su mediación en las plazas donde exista Bolsa oficial de Comercio
4.7.4.- Dictamen sobre el cumplimiento de las obligaciones derivadas de la concesión a la Compañía de los Ferrocarriles del Norte de España
4.7.5.- Dictamen sobre la nulidad del testamento de la condesa de Bornos
4.7.6.- Dictamen sobre la Sociedad Gijón Industrial
4.7.7.- Dictamen sobre el proceso de Altos Hornos
4.7.8.- Dictamen sobre las multas impuestas por la Autoridad Gubernativa
4.8.- Abogado del Banco Hispano-Americano

5.- UNO DE LOS MEJORES BUFETES DE MADRID (1920-1931)
5.1.- Su bufete y los pasantes
5.2.- Actuación en estrados durante el Directorio de Primo de Rivera
5.2.1.- Un precedente: asesoramiento de Miguel de Unamuno
5.2.2.- Defensa de D. Fernando de los Ríos
5.2.3.- Defensa del senador José García Berlanga
5.3.- D.ª Rosario Martínez Mier vs. D. Marcelino García Manzanal
5.4.- Abogado de grandes empresas
5.5.- El contrato de concesión de la Compañía Telefónica
5.6.- Orconera Iron Ore Company Ltd. vs. Fried Krupp
5.7.- Miguel Fleta vs. Metropolitan Opera Company
5.8.- Sus honorarios profesionales: el regalo del «Rolls Royce»

6.- EL DESPACHO EN LA II REPÚBLICA (1931-1936)
6.1.- La serena senectud
6.2.- Anécdotas en estrados
6.3.- Su intervención en las Constituyentes de 1931
6.4.- Crítica parlamentaria por la redacción del contrato de Telefónica
6.5.- Defensa parlamentaria de D. Juan March Ordinas
6.6.- Defensas penales de Dámaso Berenguer y Jacinto Benavente
6.7.- Decano del Colegio de Abogados de Madrid
6.7.1.- El Congreso de la Unión Nacional de Abogados
6.7.2.- La defensa de la independencia del Poder Judicial. El caso de D. Luis Amado
6.7.3.- Proyecto de Estatuto General de la Abogacía
6.8.- Una nueva especialidad: el Derecho de Familia
6.9.- Gonzalo Díez Limiñana vs. Compañía de Navegación Vasco-Asturiana
6.10.- Luis Ballesteros Tejada vs. Comisión liquidadora del Banco de Castilla
6.11.- Veintitrés trabajadores vs. CAMPSA
6.12.- Homenaje al profesor Clemente de Diego en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación
6.13.- Su sentencia de muerte
6.13.1.- Defensa de José Antonio Primo de Rivera
6.13.2.- Su detención como preso político
6.13.3.- Los sucesos de la Cárcel Modelo de Madrid
6.13.4.- La hipótesis del magnicidio

7.- UN ÚLTIMO LEGADO: SU BIBLIOTECA PARTICULAR

EPÍLOGO: EL ABOGADO Y EL POLÍTICO

ANEXO I. CATÁLOGO DE TÍTULOS DE SU BIBLIOTECA PARTICULAR

ANEXO II. LISTADO DE PLEITOS CIVILES EN LOS QUE INFORMÓ ANTE EL TRIBUNAL SUPREMO

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
Fuentes primarias
a) De archivo
b) Hemerográficas
c) Impresas
d) Otras
Materiales bibliográficos anteriores a 1936
a) Monografías
b) Artículos en publicaciones periódicas
Materiales bibliográficos posteriores a 1936
a) Monografías
b) Artículos en publicaciones periódicas
c) Otros